El amor también se expresa con comida
Por María de la Luz Delgado Gomez
Hablemos más de amor, de las formas que tenemos para expresarlo, que si con palabras de afirmación, con detalles, cariños, presencia… o uno de los lenguajes más importantes: cocinar. Es decir, procurar la alimentación de quienes amas, cuidarles. ¿Cuántas veces tu madre o tu abuelita te dijo que te quería con un plato de sopa de verduras para que crecieras fuerte? O ¿Cuántas veces te preparó ese té de hojas de guayaba para que mejorara tu salud?
La comida como lenguaje del amor
Todas las celebraciones y tradiciones importantes de nuestras vidas implican comida, incluso para comunicarnos con quienes ya partieron al otro mundo. La comida es ese gesto profundo y cotidiano que pocas veces contemplamos. Cada fruta, verdura, semilla o platillo que llega a tu boca, es gracias al esfuerzo colectivo, tanto de quien cocina, de quienes cultivan y transportan, y sí, también de la misma semilla que se rompió, de las abejas o murciélagos que polinizaron y de las nubes que llovieron. Un amor que la tierra misma expresa para todxs sus seres. Comprender esto es parte de alimentarse sana-mente y nutrirse el cora.

Un comedor comunitario nacido del cariño
Estas sabidurías nos las enseñó Doña Gladiola, una señora mayora maravillosa. Ella, durante la pandemia, decidió apoyar a sus vecinas, mujeres trabajadoras que tenían que salir a trabajar y dejar a sus hijos en casa porque las escuelas cerraron y con ello, también los cuidados de medio día y los desayunos escolares.
Al darse cuenta de esa complejidad, junto con su amorcito, Don R, adaptaron su pequeño invernadero y crearon un comedor comunitario llamado Las Catarinas. Desde entonces, este es un espacio donde lxs niñxs encuentran refugio, un lugar seguro donde crecer, jugar y estar cuando los padres salen a trabajar y comer comida deliciosa preparada con cariño y de manera balanceada.
Alimentación local y autonomía alimentaria
Ahí mismo, don Romeo cría gallinas y pavos para tener huevos caseros y así alimentar a lxs niñxs con nada procesado ni industrializado. Entre más local la comida, mejor. También cosechan frutos de temporada y les enseñan con el ejemplo sobre cómo construir poco a poco una autonomía alimentaria.
Este comedor también es sostenido por otro lenguaje del amor: la solidaridad. Algunas personas que por cuestiones de la vida llegan ahí, se dan cuenta de lo hermoso y genuino que es y con el tiempo vuelven. A veces por medio de colectas, otras por medio de donaciones, facilitación de talleres y sobre todo con presencia, atención y cuidados.

A Don Rómulo y Doña Gredes no les sobra el dinero, venden de todo: bolis, ropita de segunda mano, plantas, etc. Pero lo que sí les sobra es cariño. Para ellxs, el mundo es un lugar hostil donde están ocurriendo cosas terribles y por ello hay que actuar diferente, con el corazón, siempre con el corazón.
Migraron de Campeche porque el campo ya no era suficiente y su historia de vida había sido dura en su pueblo. Por eso llegaron a Mérida y trabajaron por muchos años hasta construir su pequeña casa y después, su negocito de plantas.
No necesitaban más para ser felices ellos dos, pero cuando llegaron niñxs a sus vidas, supieron que podían ser más dichosos de lo que creían. Lo que comenzó como un acto de apoyo con sus vecinas, se volvió el motivo principal para levantarse todos los días.
Con este comedor comunitario, ellxs hacen más que alimentar con comida: nutren el tejido comunitario de una pequeña colonia a las afueras del periférico y convierten en inolvidable la infancia de 15 niñxs.

El amor como fuerza colectiva
En definitiva, el amor es expansivo, tiene mil lenguajes y habita entre las personas que, a pesar de las adversidades, luchan por otros mundos posibles. En tiempos donde se promueven los discursos de odio, la desconexión y el olvido, es preciso defender e invocar al amor, arrancarlo de los mitos autodestructivos y colectivizarlo, tomarlo por anticolonial y antimperial y volverlo nuestro fuerte.
El amor a la Tierra, a nuestro territorio, a nuestros cuerpos, a nuestras memorias, a nuestras sabidurías, a lxs seres que nos cuidan: ahí nuestro amparo y dicha.Herramientas