Pita Amor, la undécima musa: histérica, loca, desquiciada; a la eternidad ya sentenciada

POR KAROL PUC TORRES

En la mitología griega, las nueve musas eran deidades femeninas, hijas de Zeus y Mnemosine (diosa de la memoria), que inspiraban las artes, ciencias y letras a los mortales. A Pita Amor se le conoce como la “undécima musa” por ser considerada una figura poética excepcional en México, título otorgado por el escritor Salvador Novo, en referencia a que la décima musa fue Sor Juana Inés de la Cruz.

¿Por qué es importante hablar hoy de Pita Amor?

Porque Pita Amor representa la encarnación más desobediente del genio creativo femenino en el México del siglo XX. Su historia no es solo la de una gran poeta; es la de una mujer que se atrevió a vivir con una libertad radical, desafiando toda norma social, religiosa y de género de su tiempo.

En una época donde se esperaba que las mujeres fueran discretas, sumisas y recatadas, ella fue exactamente lo contrario: pública, soberana, narcisista y dueña absoluta de su cuerpo y su voz. Su legado obliga a cuestionar los límites entre la genialidad y la locura, y a reivindicar a aquellas figuras femeninas cuya complejidad fue reducida durante décadas al escándalo y la excentricidad.


Guadalupe Amor, aristócrata caída

Guadalupe Teresa Amor Schmidtlein nació el 30 de mayo de 1918 en una casona de la colonia Juárez, en lo que entonces era el Distrito Federal, en el seno de una familia de la aristocracia porfiriana que lo perdió todo. Aunque su hogar cargaba con la nostalgia de un abolengo perdido —se decía que descendían del rey Pelayo de Asturias—, la realidad estaba marcada por hipotecas y visitas al Monte de Piedad.

Pita recibió la típica educación de “señorita de clase”, en colegios religiosos como el del Sagrado Corazón. El problema fue que el orden y la disciplina no significaban nada para ella. Fue expulsada de varios colegios por rebelde, un presagio de lo que sería su vida.

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El primer escándalo y la entrada al mundo intelectual

A los 16 años, cometió su primer gran escándalo: se escapó con José Madrazo, un criador de toros 40 años mayor que ella. Aunque la aventura fue breve, esa fuga fue su boleto de entrada al círculo intelectual más exclusivo del país.

Conoció a Xavier Villaurrutia, quien la guiaría poéticamente, así como a figuras como Octavio Paz, Carlos Fuentes y Elena Garro. Pita Amor no quería ser la musa callada: quería ser la protagonista.


“Yo soy cóncava y convexa, dos medios mundos a un tiempo”

Cuando Pita Amor irrumpió en la escena literaria con “Yo soy mi casa” (1946), muchos no podían creer que una mujer de su apariencia —deslumbrantemente bella, superficial en apariencia— escribiera versos de tal profundidad y dominio técnico.

En pleno auge de las vanguardias, ella se dedicó a rescatar y dominar como nadie las formas más clásicas y rigurosas: el soneto, la lira y la décima.

Entre sus obras más destacadas se encuentran:


Poesía metafísica, Dios y provocación

Su poesía era un grito metafísico. Hablaba de Dios, de la angustia existencial y de la soledad, con una voz directa y sufriente. En Décimas a Dios, su obra más célebre, se enfrentó a la divinidad:

“…Dios mío, sé mi pecado,
consiste en verte en concreto;
y tú, el eterno discreto,
por eso me has castigado,
dándome un ser complicado
que piensa entenderlo todo
y que jamás halla el modo
de fundir carne con mente,
que, pensando con la frente,
se está pudriendo en el lodo”.

Mientras tanto, su persona se convertía en un espectáculo. Fue la “reina de la noche” de la Zona Rosa. Se dejó retratar desnuda por grandes muralistas y pintores como Diego Rivera y Juan Soriano, no por sumisión, sino porque entendía su cuerpo como una extensión de su arte. La provocación era su herramienta.


Maternidad, tragedia y quiebre emocional

A los 38 años, decidió ser madre soltera, otro acto de desafío social. Tuvo a su hijo Manuel, “Manuelito”. La tragedia llegó 19 meses después, cuando el niño fue encontrado ahogado en una pileta. Este hecho quebró para siempre su ya frágil equilibrio emocional.

Estudios posteriores, como el análisis de Jesús Alfonso Pérez-Pérez, sugieren que Pita Amor padecía trastorno límite de la personalidad, condición que se agudizó con el dolor.


Declive, reaparición y genio intacto

Su vida entró en declive: desapareció del ojo público, fue internada en clínicas y vivió en el aislamiento y la precariedad económica. Durante casi dos décadas, el mito se oscureció.

En 1972, reapareció con más de 50 años para dar un recital en el Ateneo Español. Ante un auditorio incrédulo, recitó de memoria horas de poesía, desde Sor Juana hasta sus propios versos, demostrando que su genio permanecía intacto, aunque su persona estuviera herida.


El legado de la “abuelita de Batman”

Sus últimos años fueron duros y surrealistas. Pobre, pero aferrada a sus joyas y vestidos de diseñador, vagaba por la Zona Rosa como un fantasma ilustre. Elena Poniatowska, su sobrina, la llamaba la “abuelita de Batman” por su maquillaje excesivo.

Para sobrevivir, improvisaba sonetos en servilletas en los cafés y los vendía por unos pesos. Era una parodia trágica y sublime de sí misma.

Murió el 8 de mayo de 2000, a causa de una neumonía. Dejó más de 1,200 sonetos y 36 libros, pero sobre todo, la imagen imborrable de una mujer que nunca pidió permiso para ser ella.


Pita Amor y la libertad femenina

Hablar de Pita Amor es hablar de la libertad femenina. Es reconocer que el genio cohabita con el desequilibrio, y que la sociedad castiga con dureza a las mujeres que eligen ser dueñas de su propio caos.

No fue una víctima pasiva: fue una creadora que usó su vida, sus traumas y sus excesos como combustible para el arte. En un mundo que todavía intenta encasillar a las mujeres, Pita Amor, la undécima musa, sigue siendo un recordatorio revolucionario: algunas mujeres no están hechas para esconderse, están hechas para arder, y su fuego alumbra siglos.

Si “revoltosa” es hablar con Dios de tú a tú, Pita lo es.
Si “revoltosa” es escribir con sangre en lugar de tinta, Pita lo es.

Revoltosa es Amor,
Pita, la mexicana
que es dueña de la tinta americana.


PITA AMOR (1918–2000)

Poeta, filósofa autodidacta, madre, musa, voz mística y existencial, REVOLTOSA.


Fuentes

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