Pluribus en Apple TV+: ¿vale la pena renunciar al yo por la colmena?
“Hola, soy Manousos Oviedo . No soy uno de ellos. Y deseo salvar al mundo”.
¿Dejarías tu individualidad, tu alma y tu pensamiento para adherirte a una colectividad tipo colmena, donde todos —sí, todos— estarían unidos, vinculados emocional y mentalmente? Ya no sería tu mente ni tu cuerpo: sería una invasión alienígena.
Aparentemente, con esto el mundo sería mejor: más sostenible, sin tortura animal, sin asesinatos, sin crímenes, sin muertes para subsistir, con ahorro de energía y sin guerras.
¿Tú qué harías?
Pluribus: la nueva serie de Apple TV+
Esta es, en esencia, la pregunta central de Pluribus, la nueva serie del creador de Breaking Bad y Better Call Saul, actualmente disponible en Apple TV+.
Empecé a verla por la protagonista, Carol, actriz que también apareció en Better Call Saul y que recientemente ganó un premio en los Critics’ Choice Awards. Su interpretación es sólida, aunque su personaje llega a irritar. Sin embargo, quien realmente me mantuvo interesado fue Manousos Oviedo, un colombiano que vive en Paraguay. Para mí, él representa la verdadera resistencia.
La mente colmena y la pérdida del “yo”
Manousos no sucumbe a los placeres hedonistas ni a las supuestas ventajas de someterse a esta nueva mente colmena. En la serie no explican del todo quiénes son estas entidades ni de dónde vienen, solo que provienen del espacio y que han creado una conciencia colectiva.
Al unirte a ella, renuncias no solo a tu individualidad, sino también a tu alma y a tu espíritu. El “yo” desaparece para diluirse en un “nosotros” que, en realidad, ya no te pertenece.
Oviedo encarna esa resistencia de forma hostil, firme, incluso extrema. Hay una escena brutal cuando se encuentra con el cuerpo de su madre, ahora habitado por la mente colmena. Ella le dice: “Hola, hijo”, y él responde: “Tú no eres mi mamá”. Reconoce que esa positividad constante, casi eufórica, resulta artificial, incómoda, incluso tóxica. Él sabe quién fue su madre y sabe que eso ya no existe.
Se niega a aceptar la comida que le ofrecen y es capaz de incendiar su auto —un coche clásico que ama y ha cuidado durante años— antes de permitir que estos seres se apoderen de él. Prefiere perderlo todo antes que entregarse.
Personajes inmunes y el falso paraíso
En el universo de la serie, la mayoría de la humanidad se sometió a esta mente colmena sin consentimiento. Solo 12 personas en todo el mundo, por razones desconocidas, son inmunes. Entre ellas están Carol y Manousos Oviedo.
Los demás aceptan la unión porque creen que el planeta está mejor o porque obtienen beneficios: la mente colmena es honesta, no puede mentir y cumple cualquier deseo. No matan para alimentarse; esperan a que los frutos caigan de los árboles, consumen animales muertos o carne humana de personas fallecidas.
Aun así, satisfacen todos los caprichos de quienes buscan convencer. Hay personajes que piden viajar en el Air Force One, ir a Las Vegas, alojarse en la suite de Elvis Presley, rodearse de lujos y mujeres. Otros aceptan porque, aunque saben que sus hijos o padres ya no existen como individuos, siguen viéndolos: “Es mi hijo”, dicen, aunque ya no lo sea.
Soledad, duelo y necesidad humana
Carol, al inicio, rechaza completamente esta unión. Se resiste. Pero pierde a su pareja durante el proceso y arrastra un duelo profundo, una mezcla de dolor y resentimiento hacia estas entidades. Cuando finalmente queda sola —porque la mente colmena decide alejarse de ella— experimenta una soledad absoluta.
El ser humano no sabe vivir solo. Necesita compañía, un ancla. Cuando te quedas solo, te enfrentas a tus recuerdos, a tu memoria, a tus pensamientos intrusivos. A veces eso puede ser reconfortante, pero también profundamente aterrador.
Carol termina pidiendo que regresen. Vuelve una persona que se convierte en su refugio, aunque pertenece a la mente colmena. Ella se aferra a esa presencia para no enfrentar el vacío, el hastío de su propia mente, y termina enamorándose, aun sabiendo que no es humano.
Resistencia, sectas y libre albedrío
Más adelante, cuando se reencuentra con Manousos, ocurre un giro interesante: ahora Carol defiende a los alienígenas, los justifica. Él, en cambio, permanece firme. No pide favores ni negocia. Los llama invasores, secuestradores y ladrones de cuerpos.
Hay algo poderoso en su frase:
“Hola, soy Manousos Oviedo. No soy uno de ellos. Y quiero salvar al mundo.”
Nunca recurre a la mente colmena, ni siquiera cuando podría facilitarse la vida. Viaja, paga gasolina, deja dinero aunque el sistema económico ya no exista. Sale del hospital preguntando por la cuenta. Se aferra a lo que, para él, sigue dando valor a la humanidad: el intercambio, la responsabilidad, la elección.
La serie también funciona como una crítica clara a las sectas. Hay una escena durísima con una joven peruana de una comunidad indígena en la selva. Está a punto de unirse a la mente colmena y vive sus últimos momentos como individuo. Tiene una cabrita con la que ha creado un vínculo afectivo.
Tras el ritual, la tribu se marcha, abandona las cabañas y libera a los animales. Todo era una puesta en escena para que la joven aceptara la unión. Cuando la cabrita se acerca buscando afecto, la joven —ya parte del “todo”— la ignora. La cabra queda ahí, perdida, condenada a morir. El teatro se acabó.
¿Vale la pena un mundo mejor sin identidad?
No creo que Pluribus sea una crítica al comunismo o al socialismo. Más bien es una reflexión sobre si vale la pena perder nuestra autonomía y conciencia por miedo a la soledad o por el confort de pertenecer a una manada. Las personas no eligieron libremente: una conciencia alienígena se apoderó de ellas. No hubo libre albedrío.
Tal vez el mundo es más pacífico y ecológico. Pero ¿vale la pena si dejas de ser tú? Si tus recuerdos, tus pasiones y tus amores desaparecen.
Tengo que admitir que la serie no terminó de agradarme. No me parece mala, pero tampoco me atrapó del todo. La premisa es muy interesante y plantea una idea potente que invita a pensar y reflexionar, uno de los objetivos principales de cualquier serie o película.
El problema es el ritmo. Hay tomas largas y contemplativas —que no me molestan cuando están bien utilizadas—, pero muchas no terminan comunicando nada. Son visualmente bellas, sí, pero dejan una sensación de vacío: ¿y esto para qué?
Pluribus tiene nueve episodios. Creo que pudieron ser menos. Se alarga demasiado y en momentos resulta aburrida. Aun así, vale la pena verla y analizarla. Tiene una buena idea de fondo. Ojalá que en una segunda temporada mejore el ritmo.