La derecha mexicana: violencia, hipocresía y nostalgia autoritaria

Por Abraham Bote Tun

En la política mexicana hay un sector que, cuando se queda sin argumentos, recurre siempre a lo mismo: la violencia de la derecha mexicana. La derecha mexicana con tintes fascistas ha convertido el insulto, la provocación y hasta la petición de una invasión extranjera en México en su forma de hacerse escuchar. La derecha no dialoga, amenaza. No debate, agrede.

La ironía es que, mientras hoy algunos panistas y priistas claman por la intervención militar de Estados Unidos en México con el pretexto de “combatir al narcotráfico”, la historia reciente demuestra lo contrario: fueron justamente los gobiernos de ultraderecha en México quienes protegieron, fortalecieron y encubrieron al crimen organizado en México. Basta recordar el sexenio de Felipe Calderón y la guerra contra el narco, cuyo “zar antidrogas”, Genaro García Luna, hoy purga una condena en Estados Unidos por vínculos con el Cártel de Sinaloa. Ese mismo sector político que todavía defiende la “honorabilidad” de García Luna y sigue venerando a Calderón, es el que exige ayuda extranjera para corregir el desastre que ellos mismos provocaron.

La incongruencia de la derecha mexicana

A la violencia política de la derecha mexicana se suma la hipocresía de la oposición. Esta semana vimos el espectáculo grotesco de Alejandro “Alito” Moreno, líder del PRI, en el Congreso: un dirigente que modificó los estatutos del PRI para perpetuarse en el poder, que carga con denuncias por corrupción en el PRI y desvío de recursos, y que aun así se presenta como víctima. En los videos es evidente su comportamiento agresivo, propio de un porro, y sin embargo sus aliados mediáticos de la derecha mexicana lo blindan y lo protegen.

No es coincidencia: desde hace décadas los grandes medios de comunicación en México –Televisa, TV Azteca, los mismos dueños de siempre– han sido cómplices de estas élites, callando frente a las atrocidades del narco-Estado mexicano en tiempos de Calderón y Peña Nieto.

Medios de comunicación y montaje mediático

Los ejemplos abundan. No olvidemos el montaje televisivo de Florence Cassez, orquestado entre Genaro García Luna, Televisa y Carlos Loret de Mola, que condenó a inocentes a décadas de cárcel. Tampoco la autocensura vergonzosa de medios que, bajo órdenes del poder político, evitaron cuestionar la llamada “guerra contra el narcotráfico” en México, mientras miles de mexicanos morían en una espiral de violencia sin fin.

Hoy, esos mismos medios de comunicación aliados de la derecha mexicana repiten el guion: agitar el miedo, pedir mano dura, criminalizar al adversario y clamar por la intervención extranjera en México.

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La violencia como estrategia política de la derecha

Lo más preocupante es la legitimación social de estas posturas. La derecha mexicana violenta ha normalizado la violencia política como estrategia. No sólo la ejerce, también la justifica y la aplaude. Sus simpatizantes, envueltos en un discurso clasista y de odio, siguen defendiendo a líderes corruptos y golpeadores como si fueran mártires.

Esa es la esencia del fascismo en la derecha mexicana: disfrazar la agresión de “defensa de la democracia” mientras se socava la soberanía de México y se siembra el odio.

Hoy más que nunca es necesario decirlo con claridad: no se trata de simpatías partidistas ni de colores políticos. Se trata de defender la paz en México, la soberanía nacional y la convivencia democrática. Cualquier forma de violencia en la política –provenga del PRI, del PAN o de cualquier fuerza– debe ser rechazada y sancionada. México no merece una oposición violenta, hipócrita y autoritaria.

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