Crisis de vivienda: la gentrificación se agrava y la ciudadanía alza la voz

Por Abraham Bote Tun
El problema de la gentrificación en México ya es insostenible. Se ha vuelto una emergencia social que, en ciudades como la Ciudad de México, se vive de forma alarmante. Ayer, varias personas se manifestaron contra esta problemática. Sin embargo, lo que llamó la atención de algunos medios —no de todos, porque varios sí hicieron una cobertura acertada— fue lo de siempre: lo escandaloso, lo visual, lo superficial.
La protesta es un derecho, no un espectáculo
Cuando se cubre una protesta, debe explicarse el contexto: ¿por qué sale la gente a manifestarse?, ¿qué está exigiendo?, ¿qué problemáticas la atraviesan? No hay que olvidar que la protesta es un derecho humano, garantizado en nuestra Constitución y en tratados internacionales. Pero muchos medios se enfocan en el morbo y en lo más impactante, sobre todo cuando se trata de defender privilegios.
Mientras tanto, se indigna más la ruptura de un vidrio que el hecho de que miles de personas sean desplazadas de sus barrios. Se olvida que el verdadero problema es el despojo, la falta de vivienda, y cómo esto afecta, especialmente, a las juventudes.
Juventud sin acceso a vivienda digna
Como ha señalado la investigadora Viri Ríos, las personas jóvenes ya no pueden acceder a una vivienda propia ni siquiera a una renta asequible. Esto no ocurre solo en la capital: ciudades como Mérida también están viviendo los estragos de la gentrificación. Constructoras como Sadasi promueven fraccionamientos diseñados para extranjeros, especialmente estadounidenses. “Vive aquí con tus dólares”, anuncian.

La gentrificación en Mérida está siendo impulsada por personas extranjeras —jóvenes, jubilados o adultos mayores— que buscan “tranquilidad” y precios bajos, lo que transforma la ciudad en función de quienes tienen más poder adquisitivo. Esto encarece la renta, cambia los comercios, y expulsa a las personas locales de sus propios barrios.
Ciudad para turistas, no para habitantes
Los nuevos negocios son bonitos, “nice”, instagrameables… pero también excluyentes. Están pensados para gente con alto poder adquisitivo. ¿Y qué ocurre con los comercios tradicionales y los vecinos de toda la vida? Se encarecen las rentas, se encarece la vida y se ven obligados a irse.
Esto ya sucede en colonias enteras de Mérida. Según datos oficiales, el salario promedio en Yucatán es de 8,000 pesos mensuales, pero las rentas —por ejemplo en fraccionamientos como Los Héroes— también alcanzan esa cifra o la superan. ¿Cómo se espera que una persona pague vivienda, comida, transporte y otros servicios si la renta consume todo su ingreso?
La odisea de vivir en la periferia
Quienes buscan rentas más baratas terminan en zonas periféricas, como el sur u oriente de la ciudad. Esto significa más distancia, más tiempo de traslado y más gasto en transporte. Y todo esto en un sistema de movilidad deficiente.
La situación en Mérida ya es alarmante, pero en la Ciudad de México, los precios de renta superan los 20,000 pesos mensuales en muchas colonias. No es sorpresa que la gente esté cansada. Y no: no salen a protestar por gusto, sino por rabia, por indignación, por desesperación.
Nómadas digitales y privilegios invisibles
Es momento de dejar de romantizar la figura del “extranjero que impulsa la economía local”. Muchos de ellos no pagan los mismos impuestos, ni enfrentan las mismas restricciones que nosotros. Vienen con privilegios, como los llamados nómadas digitales, que viven aquí con sueldos pagados desde el extranjero y aprovechan las facilidades que México les ofrece, aunque nosotros no tengamos esas oportunidades en sus países.
En Estados Unidos, por ejemplo, la persecución a migrantes mexicanos es constante. Sin embargo, aquí les abrimos la puerta sin cuestionar su impacto en nuestras ciudades.
¿Qué es la gentrificación? Una mirada desde Carla Escoffié
¿Qué debemos entender por gentrificación?
La abogada y académica Carla Escoffié explica que la gentrificación es un concepto que surgió en los años sesenta, a partir del trabajo de la socióloga Ruth Glass. Este término describe el desplazamiento de personas de menores recursos debido a la llegada de residentes con mayor poder adquisitivo.
Desde entonces, el término ha sido objeto de debate. Algunos académicos consideran que debe haber una llegada física de personas con dinero para que exista gentrificación; otros creen que basta con la inversión inmobiliaria para transformar un barrio.
Aunque las ciudades han cambiado desde 1960, la preocupación por estos procesos persiste. Escoffié destaca que muchas personas utilizan el término para nombrar la crisis de vivienda que atraviesan. Aunque no todos los problemas de vivienda son técnicamente gentrificación, el uso popular del término es legítimo, porque refleja una preocupación real por lo que ocurre en los barrios y comunidades.
Esto no es xenofobia: es violencia estructural
Decir que denunciar la gentrificación es xenofobia —como lo hizo un regidor de Mérida, Juan de Dios— es minimizar el problema y distorsionar el concepto. No se trata de rechazar a extranjeros por su origen, sino de visibilizar la violencia estructural generada por el desplazamiento forzado y la exclusión económica que enfrentan los sectores vulnerables.
La vivienda es un derecho humano, no un lujo. Pero en México se ha convertido en un privilegio al alcance de pocos. Cada vez más personas tienen que dejar sus barrios de origen, vivir lejos de su trabajo y enfrentarse a un sistema que no garantiza condiciones dignas para nadie, salvo para quienes tienen más dinero.
No se están rompiendo vidrios: se están rompiendo vidas
Esa es la verdadera violencia: la de no poder pagar un techo, la de vivir desplazado en tu propia ciudad, la de ver cómo tu entorno se transforma en función del turismo y la inversión extranjera.
Ya basta de mirar para otro lado. Exigimos que los gobiernos, los medios y la ciudadanía atiendan esta crisis con seriedad. Dejemos de preocuparnos por un vidrio roto y enfoquémonos en lo que realmente importa: las condiciones de vida, el derecho a la ciudad, el acceso a una vivienda digna.
Porque si seguimos ignorando lo que ocurre, Mérida será la próxima Ciudad de México. Y entonces ya no habrá dónde vivir, ni desde dónde gritar.
Acerca de Abraham Bote Tun
Abraham Bote Tun es periodista multimedia con 11 años de experiencia y cofundador del portal independiente Disidente Mx, radicado en Yucatán. Su trabajo se enfoca en derechos humanos, violencia de género, diversidad sexo genérica, medio ambiente y movilidad sostenible.
Ha colaborado con medios como La Jornada, Diario de Yucatán y Sin Embargo Mx. Ha recibido reconocimientos como la Mención Especial del Premio Breach/Valdez 2024 y la Mención Honorífica del Premio Nacional Rostros por la Igualdad 2023. Es miembro fundador del colectivo Somos Periodistas y parte de redes internacionales de periodismo en derechos humanos e inclusión.