Entre sombras y memorias, una pregunta resiste: ¿y si simplemente seguimos?
Por Abraham Bote Tun

¿Y si la sombra de mis miedos pudiera ver dentro de mi alma, qué vería?
¿Y si pudiera hablarme, qué me diría?
Esto me pregunto este viernes lluvioso, bajo un cielo gris, mientras observo tus flores color otoño, aún clavadas en rincones dispersos de mi espacio. Flores que parecen marchitas, pero guardan un halo de luz vivaz.
¿Y si lo intentamos de nuevo?
Eso le preguntaría a la sombra que ronda mi cabeza. Sin miedos, sin ansiedad, sin dolores, sin sufrimiento. Con amor. Con ternura. Sin cometer los mismos errores, sin arrastrar los mismos duelos.
Permitirnos fallar, pero también reparar. Arreglar. Sanar.
En un tiempo donde todo se desperdicia, donde todo parece efímero, pasajero… el acto de reparar también es un acto de resistencia. De amor.
Y aquí resistimos: en comunidad, en amistades, en soledad. A través del trabajo, del amor, de la escritura, del periodismo; del arte, de la familia, de los vínculos que hemos formado.
Me tomo un momento para suspirar y dejar que todo llegue.
La sombra no se mueve. Se queda callada, por momentos sin forma, apenas una mancha negra. Pero luego toma siluetas que me resultan familiares.
¿Y si simplemente seguimos?
Sin despedirnos, sin alejarnos, sin dejarnos. Sin terminar de irnos. Siguiendo aquí. Siendo parte de algo. Estando.
Porque al final, nadie se va del todo.
Como tú, por ejemplo: aquí sigues, en las flores; en el beso regalado que aún está impregnado; en el pequeño dibujo guardado en un cajón; en tu aroma, que todavía me recuerda a la playa.
La sombra, luego de escuchar estos pensamientos que fluyen suavemente por mi habitación, se marcha. Sin decir nada.
Pero yo me sigo haciendo la misma pregunta:
¿Y si lo intentamos?