Mujeres científicas enfrentan machismo, acoso y discriminación en espacios educativos y laborales
Por Abraham Bote
Marcela ingreso a la Facultad de Ingeniería de la Universidad Autónoma de Yucatán. Quería ser ingeniera física. No obstante sus ánimos e ilusiones se fueron desvaneciendo con el paso del tiempo. Recibía no solo acosos, sino comentarios discriminatorios por parte de sus profesores y compañeros.
“Para qué estudias esto, si vas a ser mamá o ama de casa”. “Ni te voy a revisar tu tarea”, algunos comentarios que quedaron marcados. Sólo duro un semestre, tuvo que darse de baja. Algo que impacto su estado emocional.
Espera pronto regresar a las aulas, pero si el panorama no cambia tendrá que cambiar de carrera.
Ésta es la realidad de muchas mujeres científicas del estado, quienes enfrentan varias dificultades para desempeñar sus labores, desde acoso sexual, machismo, discriminación en razón de género, principalmente por sus maestros y dentro de sus centros laborales, expusieron varias mujeres dedicadas a la ciencia y defensoras de los derechos humanos.
En los espacios educativos, no sólo tiene que aguantar comentarios de sus compañeros, quienes menosprecian sus capacidades, sino también de sus maestros, quienes incluso no les llegan a revisar sus tareas o ponerles baja calificación con el argumento de “si ni te vas a dedicar a esto” “vas a ser ama de casa”, “esto no es una carrera de mujer”, entre otros comentarios machistas y discriminatorios.
Ante esta panorama, y la falta de acción de las autoridades universitarias, muchas mujeres se ven obligadas a desertar de sus escuelas, cambiarse de carrera, quienes denuncian, sus casos nunca proceden. Las que logran terminar sus carreras lo hacen en medio de abusos; y esto no acaba, pues sigue en sus centros de investigación o en el entorno laboral, si es que consiguen empleo.
Tere Parra, quien estudia la Licenciatura de Biólogia, en la Universidad Autónoma de Yucatán, indicó que al participar en proyectos de investigación, muchas de las publicaciones y artículos corresponden exclusivamente a hombres; no brinden espacios a las mujeres, muy pocos, o que lideran un proyecto de investigación.
La también es integrante de Girl Up Resistencia Feminista Yucatán, agrupación que, busca fomentar liderazgos, empoderar a niñas, adolescentes y mujeres, ha documentado casos de mujeres que han tenido que han dejado sus trabajos por el acoso laboral que sufren, o sus decisiones no son tomadas con seriedad. “Es muy difícil que en un centro de investigación te tomen la misma seriedad que a un hombre. Es algo que lamentablemente sigue pasando”, manifestó.
En cuanto a su trayectoria académica, la estudiante comentó que le ha tocado ir a Olimpiadas de Biología, Matemáticas, Ciencia y la mayoría de los participantes son hombres, prevalece la discriminación “¿Qué hace una mujer en una Olimpiada”, comentario que sigue resonando en los pasillos.
Alejandra Koyoc González, presidenta de Girl Up, indicó que dentro de la agrupación han recabado testimonio de compañeras donde conviven en un salón con mayoría hombres, y suele haber mucho acoso, y a pesar de esto los protocolos de atención dentro de las escuelas no contribuyen a que se eliminen estas prácticas.
Todo esto, agregó, ocasiona que muchas estudiantes se salgan de sus carreras para evitar sufrir esto por cuatro y cinco años, de recibir comentarios que juzguen sus habilidades, que no les recita tareas. Y quienes sí logran egresar, añadió, sufren lo mismo en sus centros laborales; no les pagan lo mismo o no les quieren dar puestos de relevancia.
Por esto exigió a las autoridades de las escuelas hacer casos a las denuncias de las jóvenes estudiantes y crear protocolos de acción fuertes para castigar a los responsables y así hacer que las estudiantes se sientan seguras en sus espacios de estudios.
Violencia dentro de las escuelas
Rosa Cruz Pech, directora de Uady Sin Acoso, confirmó que dentro de la agrupación estudiantil han recibido varias denuncias que de los profesores discriminan tanto a profesoras como a las alumnas; se burlan de las mujeres dentro de las aulas. Les piden no hacerles caso, o que tomen otras materias.
Para dimensionar el problema que existe en las escuelas de ciencias exactas de la Uady, la activista indicó que dentro del Programa Institucional de Igualdad de Género de la universidad, la Facultad de ingeniería era el único espacio donde no existía un representante, “porque las autoridades consideraron que era innecesario contar con ese programa”; indicó.
Después de la ola de denuncias que se han hecho, actualmente ya se cuenta con un representante de dicha escuela.
También apenas en el 2020, la mencionada escuela eligió a la primera mujer consejera estudiantil, Mónica Abigail Huerta Ordóñez.
Todos estas ideas repercuten en el estado emocional de las compañeras y en lo profesional; muchas no concluyen su estancia, o lo hacen con un historial de agresiones, indicó Rosa Cruz.
A su vez, indicó que las denuncias por discriminación en razón de género deben proceder y las autoridades escolares deben sancionar a los agresores, no obstante se ha normalizado tanto estas violencias que muchas no denuncian estos actos.
Alumnas ganan espacios
Alejandra Mejia Palma, presidenta de la Nueva Federación Universitaria (NFU), estimó que cada día hay más mujeres en carreras de ingenierías y ciencias dentro de la Uady, no obstante todavía queda camino y barreras por romper.
Donde menos mujeres todavía hay es en la Facultad de Matemáticas, donde está Actuaría, Ingeniería en Software, Ciencias de la Computación, estimó que hay cuatro alumnas por cada 20 hombres.
En cambio en carreras sociales como Derecho, ya más del 50 por ciento son mujeres.
La también primera consejera mujer en la Facultad de Derecho de la Uady comentó que han recibido varias denuncias de alumnas que reciben comentarios y burlas, que suelen verse como algo cotidiano.
Pero se tiene que visibilizar este tipo de machismos en los espacios educativos, exponer a los maestros, alumnos, denunciar o buscar que se sancionen.
Lo malo, indicó, es que el protocolo de la institución no contempla los abusos si no son agresiones físicas o sexuales.
En concreto, las estudiantes y activistas señalan que este tipo de prácticas deben erradicarse, que las universidades deben apoyar a las víctimas, a las alumnas que denuncian y dejar de ver este tipo de comentarios como algo normal; pues si no esto desanima a que más mujeres se acerquen a estudiar estas carreras que han sido dominadas por hombres durante años. Las mujeres exigen convivir en espacios seguros libres de cometarios machistas, discriminatorios y que sean tomadas en cuenta con seriedad.