Mérida, la ciudad que odia al peatón
Por Abraham Bote Tun

Una familia —un padre y sus dos pequeñas hijas— se juega la vida cada mañana al cruzar el periférico de Mérida, una vía rápida sin infraestructura peatonal adecuada. Esta escena no es aislada: es el retrato cotidiano de una ciudad que presume de ser “la más segura del país”, pero que en la práctica pone en riesgo a quienes caminan, usan bicicleta o transporte público.
Mérida no es modelo urbano
Una ciudad peligrosa para quien no tiene coche
Caminar en Mérida es un acto de supervivencia. Las banquetas son inexistentes o están en mal estado, el alumbrado público es deficiente, y las pocas franjas peatonales apenas se distinguen. En avenidas clave como la Internacional, cerca del aeropuerto, las personas obreras arriesgan su vida cada vez que cruzan la calle.
Recientemente, una trabajadora murió atropellada al intentar cruzar esta vía sin pasos peatonales seguros. Visitar esa zona industrial basta para constatar que no hay condiciones mínimas para garantizar la movilidad humana. Mujeres y hombres caminan entre autos a toda velocidad, se toman de las manos para no morir. Es literal. La ciudad obliga a sus habitantes a sobrevivir, no a vivir.
El mito de la “mejor ciudad para vivir”
Mientras Mérida aparece en rankings de calidad de vida, la realidad es otra. La ciudad está repleta de baches, las colonias nuevas se inundan con cada lluvia y hay una grave crisis de residuos sólidos. Incluso hay personas con acumulación compulsiva de basura por problemas de salud mental, sin atención pública adecuada.
Pese a todo, se vende a Mérida como el lugar ideal para invertir y vivir, impulsada por gobiernos municipales del PAN que han promovido una imagen idílica y superficial, ignorando los problemas estructurales y sociales más urgentes.
Una ciudad diseñada para los autos, no para las personas
Según el World Resources Institute (WRI), el diseño urbano puede salvar vidas. Pero en Mérida se hace lo contrario: se prioriza la infraestructura para vehículos motorizados, mientras se relega al olvido al peatón y al ciclista.
El INEGI reporta que en Yucatán circulan más de 273,000 motocicletas, muchas de ellas utilizadas por trabajadores y trabajadoras que no pueden pagar un sistema de transporte caro, deficiente y descoordinado. Las rutas no han sido rediseñadas en décadas, y el aumento de tarifas —de 8 a 12 pesos— ha dejado a muchas familias sin opciones reales de movilidad.
Por eso, cada vez más personas optan por la moto como alternativa accesible, a costa de su seguridad. Sin embargo, en vez de repensar el modelo de ciudad, el Ayuntamiento reparte cascos como si fueran la solución estructural. No lo son. Regalar cascos no salva vidas si las calles siguen siendo trampas mortales.
Un crecimiento urbano descontrolado y excluyente
En el Foro Regional para la Estrategia Nacional de Movilidad (ENAMOV), especialistas de la SEDATU y del Instituto Nacional del Suelo Sustentable (INSUS) advirtieron que Mérida es el ejemplo perfecto de cómo no deben crecer las ciudades.
Durante la última década, la capital yucateca ha crecido de forma desordenada, especialmente hacia la periferia. Este fenómeno ha sido impulsado por:
- La especulación del suelo ejidal
- Los llamados lotes de inversión, que son terrenos sin aptitud urbana
- El auge de desarrollos inmobiliarios sin servicios básicos
Este modelo está colapsando el sistema urbano de Mérida, generando altos costos sociales, económicos y ambientales. Colonias sin transporte, sin banquetas, sin drenaje pluvial: crecer sin planeación es condenar a miles de personas a vivir en la precariedad.
Urge una transformación estructural
La expansión urbana, la desigualdad social, la violencia vial, el abandono de los espacios públicos y la visión automovilística del urbanismo conforman una tormenta perfecta. Mientras se sigan construyendo plazas, gasolineras y tiendas en vías rápidas sin accesos seguros para el peatón, los accidentes y muertes continuarán.
Se necesita:
- Un transporte público verdaderamente multimodal, con rutas integradas, seguras y accesibles
- Infraestructura peatonal y ciclista con visión de derechos humanos
- Diseño urbano centrado en las personas, no en los autos
- Políticas públicas que prioricen el bien común y no el interés inmobiliario
No necesitamos populismo vial ni simulaciones para la foto. Necesitamos un cambio estructural, urgente y con visión humana. El derecho a la movilidad segura es un derecho humano, no una promesa electoral.
Mérida está en riesgo de colapsar
Lo advierten las y los expertos: si no se regula el crecimiento y se corrige el modelo urbano actual, Mérida podría colapsar en menos de 10 años. No lo digo yo: lo advierte el WRI México y la Coalición por la Transformación Urbana.
Mientras no se construyan calles seguras, se mejore el transporte y se reconfigure el modelo de ciudad, los más vulnerables seguirán pagando con su vida. Y todo para sostener una falsa narrativa de éxito.
Mérida no es un modelo. Es una advertencia.